Mediante un procedimiento patentado, las chapas de madera de Jill se curvan hasta que se juntan alineadas en la superficie del asiento. De este modo, se genera una transición abierta entre el asiento y el respaldo, con una carcasa flexible que se estiliza de forma progresiva a medida que asciende hasta la parte superior. Dos líneas infinitas, una interna y una externa, atraviesan y enmarcan la superficie, generando una forma escultural que sigue las formas del cuerpo, acogiéndolo con un sorprendente confort derivado de su notable flexibilidad. Las bases de Jill, fabricadas en acero tubular, cable, aluminio y madera, son también, en parte, una referencia a modelos históricos y otorgan a las sillas una expresión moderna permanente, sobre todo con su colorido fuerte y expresivo, que está a tono con las tapicerías opcionales disponibles en tela.
“La inspiración de Jill proviene de la Leg Splint, diseñada por Charles y Ray Eames en los años 40 para la marina estadounidense. La fascinación generada por la tridimensionalidad de la parte superior y la tensión de las perforaciones otorga a la tablilla un enorme valor escultórico que va más allá de su funcionalidad. Una fascinación similar ejerce también el “Plywood Elephant” debido a su plasticidad y el fresado de su rostro. La saliente voladiza de la superficie del asiento de Jill, similar a un trampolín, plantea la pregunta de si acaso se trata de una carcasa con una superficie de asiento o de una superficie de asiento enmarcada por una cinta para la espalda”, plantea Haberly, para quien la carcasa de tan espectacular silla hace que ésta destaque de forma explícita gracias a su estética a la vez estilizada y flexible.
Enlace: www.alfredo-haeberli.com



































